Rodrigo se dispone a hacer un viaje largo y le encarga a su vecino que cuide al gato, al cual ve como un hijo.

Un día, al llegar al hotel, se encuentra con un telegrama que dice: “Tu gato se murió”. A punto de sufrir un infarto, toma el primer avión a casa y, después de dar sepultura al animal, reprocha muy molesto a su vecino.

—¡Pero qué imprudente eres! Así no se dan las noticias. Me hubieras enviado un telegrama diciéndome: “Tu gato se subió al tejado”. Luego, otro que dijera: “Tu gato se cayó del tejado”. Después me hubieras avisado que se hallaba grave y, por último, que se había muerto.

Pasado cierto tiempo, Rodrigo volvió a salir de viaje, y un día recibió un telegrama que decía: “Tu abuela se subió al tejado”.


—Colaboración de Ramón Monero (Naucalpan, México)
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